Disfunción Eréctil

¿Qué es la disfunción eréctil?

La disfunción eréctil se define como la incapacidad persistente para conseguir o mantener una erección suficiente para una actividad sexual satisfactoria. Es importante distinguir entre episodios aislados, que son frecuentes y no constituyen un problema clínico, y la disfunción eréctil propiamente dicha, que implica una dificultad constante o recurrente.

Más del 90% de los casos de disfunción eréctil secundaria, es decir, adquirida en un hombre que previamente tenía erecciones normales, tiene una etiología orgánica. Los factores psicológicos son relevantes en todos los casos, pero generalmente como consecuencia del problema orgánico, no como causa primaria. La disfunción eréctil vasculogénica, la más frecuente, puede ser el primer signo de enfermedad cardiovascular no diagnosticada, lo que refuerza la importancia de un estudio clínico completo ante cualquier consulta por este motivo.

En pacientes que han sido operados de cáncer de próstata mediante prostatectomía radical o que han recibido radioterapia, la disfunción eréctil es una consecuencia frecuente del tratamiento que requiere un abordaje específico de rehabilitación eréctil precoz.

Causas más frecuentes de la disfunción eréctil

Causa vascular

La aterosclerosis, la hipertensión, la diabetes y el tabaquismo dañan los vasos sanguíneos del pene e impiden el llenado adecuado de los cuerpos cavernosos. La disfunción eréctil de origen vascular puede ser el primer indicador de enfermedad cardiovascular no detectada, por lo que siempre se recomienda evaluación cardiológica ante un diagnóstico reciente.

Causa neurológica

Lesiones o enfermedades que afectan al sistema nervioso central o periférico pueden interrumpir las señales necesarias para la erección. Entre las más frecuentes están la cirugía pélvica radical, especialmente la prostatectomía por cáncer de próstata, la diabetes con neuropatía periférica, la esclerosis múltiple y las lesiones medulares.

Causa hormonal

El déficit de testosterona, el exceso de prolactina, el hipotiroidismo y otras alteraciones endocrinas pueden reducir el deseo sexual y dificultar la erección. Los niveles de testosterona deben medirse siempre en el estudio diagnóstico, especialmente en hombres con disminución del deseo sexual asociada.

Causa psicológica

La ansiedad de desempeño, la depresión, el estrés crónico y los conflictos de pareja pueden causar o agravar la disfunción eréctil. Aunque la mayoría de los casos tienen una base orgánica, el componente psicológico está presente en casi todos los pacientes como consecuencia del problema y debe abordarse de forma integrada con el tratamiento médico.

Fármacos y hábitos

Determinados medicamentos como antihipertensivos, antidepresivos, antiandrogénicos y algunos fármacos para la próstata pueden producir disfunción eréctil como efecto secundario. El tabaco, el alcohol en exceso y el sedentarismo son factores de riesgo modificables con impacto demostrado sobre la función eréctil.

Cómo se diagnostica la disfunción eréctil

El diagnóstico incluye una historia clínica, sexual y psicosocial detallada, exploración física y pruebas de laboratorio selectivas. El cuestionario IIEF (Índice Internacional de Función Eréctil) es la herramienta validada más utilizada para cuantificar la severidad del problema y monitorizar la respuesta al tratamiento.

Las pruebas de laboratorio básicas incluyen determinación de testosterona matutina, glucosa, perfil lipídico y función tiroidea. Si la testosterona es baja o normal-baja, se completa con prolactina y hormona luteinizante. En casos seleccionados, la ecografía dúplex del pene con inyección intracavernosa permite evaluar el flujo arterial y descartar causas vasculares específicas que pueden modificar la estrategia terapéutica.

Opciones de tratamiento de la disfunción eréctil

Modificación de factores de riesgo

Dejar de fumar, reducir el consumo de alcohol, perder peso, hacer ejercicio regular y controlar la diabetes, la hipertensión y el colesterol puede mejorar significativamente la función eréctil en pacientes con factores de riesgo cardiovascular. En algunos casos estas medidas son suficientes para recuperar una erección adecuada sin necesidad de tratamiento farmacológico.

Inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 (IPDE5)

Son el tratamiento farmacológico de primera línea. Sildenafilo, tadalafilo, vardenafilo y avanafilo facilitan la relajación del músculo liso cavernoso y el llenado de los cuerpos cavernosos. El tadalafilo en dosis diaria baja es especialmente útil cuando la disfunción eréctil se asocia a síntomas del tracto urinario inferior por [hiperplasia de próstata](/hiperplasia-benigna-prostata/). Las tasas de éxito clínico superan el 70% en pacientes adecuadamente seleccionados.

Terapia hormonal sustitutiva

En pacientes con déficit de testosterona confirmado analíticamente, la terapia de reemplazo con testosterona puede mejorar el deseo sexual y la función eréctil, potenciando además la respuesta a los inhibidores de la PDE5. Se administra en gel transdérmico, inyecciones intramusculares o preparados de liberación prolongada según las preferencias del paciente.

Inyecciones intracavernosas

La autoinyección de alprostadilo directamente en los cuerpos cavernosos produce una erección en 5-15 minutos. Está indicada cuando los IPDE5 no son eficaces o están contraindicados. Las guías EAU y AUA la consideran eficaz y segura, con tasas de éxito superiores al 70% en pacientes correctamente entrenados. Se limita a un máximo de 2-3 inyecciones por semana.

Prótesis de pene

La implantación de una prótesis peniana hidráulica es la opción quirúrgica de referencia en pacientes con disfunción eréctil refractaria a todos los tratamientos previos. Ofrece tasas de satisfacción muy elevadas, superiores al 90% tanto en el paciente como en la pareja. Está especialmente indicada en pacientes con disfunción eréctil tras prostatectomía radical o tras [tratamiento de radioterapia por cáncer de próstata](/cancer-prostata/).

Preguntas frecuentes sobre la disfunción eréctil

La prevalencia aumenta con la edad, pero no es inevitable ni debe aceptarse como algo normal sin consultar. Tiene tratamiento eficaz en más del 91% de los casos, independientemente de la edad. Además, en hombres mayores puede ser el primer signo de enfermedad cardiovascular no diagnosticada, lo que refuerza la importancia de consultar con un especialista.

En general sí, pero están contraindicados en pacientes que toman nitratos orgánicos, ya que la combinación puede producir una hipotensión grave. Dado que la disfunción eréctil puede ser la primera manifestación de enfermedad cardiovascular, antes de prescribirlos se valora el riesgo cardiovascular del paciente y, si hay duda, se deriva a cardiología para evaluación previa.

Sí, especialmente si fue posible preservar los haces neurovasculares durante la cirugía. La rehabilitación eréctil precoz con inhibidores de la PDE5 en dosis diaria baja, iniciada poco después de la cirugía, mejora las tasas de recuperación. En pacientes que no responden, las inyecciones intracavernosas y la prótesis de pene ofrecen alternativas eficaces con muy alta satisfacción.

En estado de reposo la prótesis hidráulica no es visible ni perceptible externamente. El sistema de bomba se aloja en el escroto y los cilindros dentro de los cuerpos cavernosos. Cuando se activa, el resultado estético y funcional es muy similar a una erección natural. Las tasas de satisfacción superan el 90% tanto en el paciente como en la pareja.

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